La Cesárea

Cualquier embarazo puede terminar en cesárea, así que no está de más conocer cómo se realiza la intervención.

Es el mecanismo quirúrgico de interrupción del embarazo indicado ante diversas circunstancias en las que el parto normal pudiera comprometer la vida de la madre o del niño e implica el corte pélvico y la extracción manual del niño. Como cirugía, debe estar realizada bajo anestesia, siendo la vía peridural la de mayor beneficio, y ofrece una recuperación un poco más tórpida y dolorosa que la generada con el parto normal.


Preparativos de la cesárea
Suelen durar de 15 a 30 minutos. Antes de iniciar la intervención se coloca a la mujer un gotero para equilibrar la tensión arterial, se rasura la zona alta del vello púbico, se limpia la piel del abdomen, se administra la anestesia (si no se ha usado hasta ahora) y, cuando ha hecho efecto, se pone una sonda en la vejiga para mantenerla vacía de orina.

La epidural permite que la madre pueda ver el nacimiento de su hijo, y a veces hasta compartirlo con su pareja (no todos los médicos son partidarios de que el padre entre en el quirófano). El bebé no sufre los efectos de la anestesia porque el fármaco actúa directamente sobre los nervios, y no pasa a la sangre materna, ni por lo tanto al niño. Al inyectar la anestesia el médico suele pedir a la mujer que se ponga en posición fetal, es decir, con las rodillas a la altura del pecho, para favorecer la extensión de la columna vertebral.

Existen dos tipos de anestesia epidural:
  • Raquídea: es una dosis única, de efecto casi instantáneo y unas 2–3 horas de duración. Se pone en el momento de la cesárea.
  • Peridural: es la que se usa durante el trabajo de parto. A través de un tubito metido en la espalda, los fármacos entran en poca cantidad y de forma continua. Quita el dolor, pero no produce una anestesia profunda, y puede durar horas y horas. Si se decide realizar una cesárea, se inyecta por el tubito más anestesia y se hace la cesárea. Raramente resulta necesaria la anestesia general en las cesáreas.

Corte
Una vez que la anestesia ha hecho efecto, se inicia la cirugía. Habitualmente se realiza un corte de piel transversal (horizontal) en el borde superior del vello púbico (es lo que se llama ‘incisión de Pfannenstiel’).

Después de cortar la piel, se separa la grasa y se corta en sentido transversal la aponeurosis, que es una fuerte capa que sujeta los músculos abdominales y los intestinos. Los músculos abdominales se separan, no se cortan. El peritoneo, una fina bolsa donde se acumulan los órganos abdominales, se desgarra suavemente con los dedos. Así se accede al útero. Este se abre con un corte transversal por una zona llamada segmento, que se encuentra entre el cuello y el cuerpo del útero, para sacar al bebé.

Una vez que el niño está fuera, se corta el cordón umbilical y se extrae la placenta manualmente.
Lo deseable es que los profesionales muestren el niño a la madre cuanto antes (incluso sin haberle cortado el cordón) y que después de los primeros exámenes médicos, lo dejen al cuidado del padre mientras terminan la cesárea.

Sutura
El útero se cose con un hilo que se reabsorbe en 40 días. El peritoneo se vuelve a desarrollar solo, así que es mejor no coserlo. Luego se sutura con un hilo similar la capa que sujeta los músculos abdominales, que vuelven a su sitio. La herida de la piel se puede cerrar con grapas o con un hilo de nylon por debajo de la piel que deja la cicatriz más fina y homogénea. Ambos se retiran en unos días.

Desde que se empieza a cortar el vientre hasta la sutura final transcurren unos 40-60 minutos si no hay incidencias. En la mayoría de las cesáreas la madre y el recién nacido podrían ir juntos desde quirófano a la habitación e iniciar la lactancia en la primera hora de vida del bebé, al igual que en el parto vaginal.

El efecto de la anestesia se va pasando en una o dos horas. Después se ponen calmantes (analgésicos) en el suero periódicamente. La mayoría de estos fármacos son perfectamente compatibles con la lactancia.

El gotero de suero se puede quitar entre 8 y 12 horas después, al igual que la sonda de la vejiga, así se evitan infecciones urinarias. La mamá puede beber líquidos a partir de las cuatro horas de la intervención.


La Cesarea es imprescindible en caso de…...
  • Prolapso de cordón. El cordón umbilical sale a la vagina antes que el bebé y la cabeza lo presiona, tanto como para que deje de pasar sangre por el cordón y el bebé no reciba oxígeno.
  • Desprendimiento de placenta antes o durante el trabajo de parto. Se produce una hemorragia y el bebé puede dejar de recibir oxígeno si no se actúa con rapidez. La madre suele sentir un dolor abdominal intenso y la vida del bebé corre serio peligro si no se lleva a cabo una cesárea en el menor tiempo posible.
  • Placenta previa total colocada en la salida del útero, de forma que obstruye el paso del bebé. Es frecuente que la madre presente un sangrado que avise del problema. Únicamente se diagnostica al final del embarazo.
  • Mal posicionamiento fetal. En ocasiones los bebés están colocados de una manera que hace imposible que salgan y ya no pueden cambiar de posición. Por ejemplo, si se inicia el parto y el niño está en posición transversal.
  • La madre sufre una cardiopatía descompensada u otras enfermedades graves. Estas complicaciones son afortunadamente muy raras, y en total se dan en menos del 5 por ciento de los partos.

Es probable en caso de…...
  • Pelvis estrecha. Es raro, pero puede darse en madres que tuvieron raquitismo en la infancia u otras malformaciones. Además, la postura para dar a luz influye en el paso del bebé. Numerosos estudios han demostrado que parir acostada o con las piernas en alto además de absurdo es peligroso, porque favorece que el niño se atasque y no baje. Sin embargo, en cuclillas la apertura de la pelvis aumenta en un 30%. La rotura artificial de la bolsa de aguas o la administración de oxitocina estando la madre acostada también dificulta que los bebés bajen.
  • Presentación de nalgas. En los últimos años se ha promovido la cesárea en los partos de nalgas, sobre todo en las primíparas. Pero los estudios médicos demuestran que es viable un parto vaginal ante una presentación de nalgas con cabeza fetal flexionada, peso fetal equilibrado y pelvis materna normal.
  • Tumores que obstaculizan el paso del bebé. Suelen ser miomas uterinos. Conviene esperar a que se inicie el parto y ver cómo evoluciona.
  • No dilatar. El miedo, la tensión ambiental, sentirse sola u observada por el personal sanitario... todo esto hace que el cuerpo se bloquee y la dilatación se estanque. En estas circunstancias, si la mujer se queda sola un rato, sin observadores, casi siempre puede dilatar fácilmente.
  • Pérdida de bienestar fetal. El bebé, en el transcurso del trabajo de parto, muestra alteraciones en su latido cardiaco que se mantienen y acentúan con el tiempo, y en los que se valora una pérdida progresiva de su capacidad de recuperación. Pero en ocasiones este malestar es debido al uso inadecuado de oxitocina o a que la madre permanezca tumbada.
  • Cesárea anterior. Ya no se aconseja hacer cesárea porque exista una cesárea previa. Más del 70 por ciento de las mujeres pueden lograr un parto vaginal tras una cesárea.
  • Embarazos múltiples. Depende de la madurez fetal y de la posición de los bebés. En Holanda solo el 14 por ciento de los gemelos nacen por cesárea, en España el 50 por ciento.
  • Ciertas enfermedades maternas como la preeclampsia, el herpes genital (si la madre presenta un brote activo) o la infección por VIH. 

Cesárea en Proceso
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